miércoles 23 de febrero de 2011

A la venta en eBook Ángeles caídos, de Maribel Llopis

Eldalie Publicaciones acaba de sacar al mercado el eBook de Ángeles caídos, de Maribel Llopis, spin off protagonizado por uno de los personajes de su también novela homoerótica Unreality.

Esperamos poder reseñar ambas en un futuro no muy lejano. Desde aquí felicitamos a Maribel por el logro y su trayectoria, puesto que es una de las escritoras de homoerótica más veteranas. 

Sinopsis: Eric es un joven prostituto de Nueva York quien una noche se convierte en testigo del asesinato de uno de sus clientes. En su huida para no correr la misma suerte, su camino se cruza con el de Marc Miller, un policía homosexual en plena crisis de los treinta. A partir de ese momento sus destinos quedan entrelazados, más incluso de lo que ellos creen.

domingo 20 de febrero de 2011

Ya a la venta El esclavo de la rosa


Ya se puede comprar en la tienda online de la editorial Nowevolution el primer volumen que comprende El esclavo de la rosa, de la dibujante Van Durán y el guionista Javi Cuho (Las horas perdidas). En breve empezará a distribuirse por las tiendas y en breve también, esperamos, lo reseñaremos en esta librería de la acera de en frente.


lunes 7 de febrero de 2011

Susurro de besos: ¡primeras 97 páginas gratis!

Por si alguien tiene mucha curiosidad por saber quién es sugusito y el por qué tanto él como Marc levantan tantas pasiones (ejem), su autora Dorianne y Ediciones Babylon dan ahora la oportunidad de leer las primeras 97 páginas de forma completamente gratuita.

Aquí están:





domingo 6 de febrero de 2011

El Doppelgänger destripa a... Nayra Ginory

No, no estoy muerto. No, no he desaparecido en un extraño limbo. Sí, tengo cosas más interesantes en la vida que escribir en este blog de mierda.
¡Saludos, oh, eternos cruzadores de la blogosfera! Hoy volvemos a la librería de enfrente para destripar una novela inconclusa que difícilmente podía escaparse a mis redes, porque con ella rompo todas las reglas habidas y por haber (cosa que me encanta). No sólo critico por primera (y quizás) última vez la obra de una escritora aficionada y principiante, sino que en esta, mi primera reseña como ente independiente, no puedo menos que morder la mano que creó al monstruo. ¡Salve Nayra! Donde las dan, las toman.
Otro motivo que me ha decidido a escribir esta reseña es un inusitado deseo de enmendarme. Al parecer, ciertas personas se han tomado algún destripamiento desde el punto de vista personal, y he decidido seguir el ejemplo, destripando con toda la ejemplaridad que puedo a una buena amiga… (Nayra, recuerda que muy en el fondo, yo te quiero). Pero dejemos de lado mis motivos y empecemos lo divertido.
“A través del sexo”, es el pintoresco título de una novela que está, según palabras de su autora, “eternamente inacabada”. Lleva un par de años publicándola en Internet (¡gratis! Que le den a la SGAE) pero aún no la ha terminado. Recientemente paró la publicación para corregir los capítulos, y ahora ¡los está subiendo de nuevo! (O_o) ¡desde el principio! (sus lectores deben querer asesinarla). Así que mi crítica versa sobre la versión antigua (que es la que he leído) y con el deseo de que mis comentarios la ayuden a mejorar su obra (de cualquier crítica se aprende, querida).
La novela, que por no tener no tiene ni sinopsis (porque al parecer la autora no tiene el talento o las ganas para escribir una), trata sobre la vida de un jovencito homosexual que narra en primera persona sus encuentros sexuales. El joven en cuestión, el tal Noah, es como todo buen protagonista de una historia estereotipada y pseudopornográfica como esta, más hermoso que un prado en otoño y más inocente (al menos al comienzo de la historia) que una amapola de campo.
La historia comienza la noche que Noah pierde la virginidad, algo difícil de prever leyendo el ocurrente título del primer capítulo: “Cuando perdí la virginidad” (parece que Nayra no sólo no tiene buena imaginación para las sinopsis, ¿eh?). El jovencito, confiando en el poder de su belleza rubia, va a un local gay a ligar él solito (al menos es valiente) y se encuentra con el hombre que será su primer amor (ainsss, es que soy un romántico).
Se llamaba David y bailaba muy bien (por supuesto, ya sabes lo que dicen de la gente que sabe bailar…), presionando su cuerpo contra el mío como si fuera de manera casual, pero dejándome ver que estaba intentando seducirme. Lo que él no sabía es que ya lo había hecho, mucho antes de acercarse a mí. Después de un rato bailando me llevó hasta un rincón del local. El sitio se estaba quedando vacío, muchos habían salido en parejas o buscando otro lugar donde seguir la fiesta. La música era distinta ahora. El DJ pinchaba canciones menos roqueras y más sensuales. Sonaba In our lifetime (¿qué canción del coño es esa?) cuando me besó por primera vez. El beso fue caliente y lento, como la canción (O_o). El contacto de su lengua contra la mía me hizo gemir bajito, presionándome contra él y pidiéndole más, pero sonrió y se apartó de mí.
—No seas impaciente, pequeño (aquí empieza la condescendencia)susurró junto a mi oído, mientras su cálido aliento se derramaba sobre la piel de mi cuello—. Quiero tomarme otra copa primero.
Por supuesto, el tal David es el seme perfecto: es guapo, es sexy, es dominante, es rico (¡!) y folla bien (¡venga hombre!). Como no podía ser de otra manera, el pobre protagonista cae rendido ante sus encantos. A partir de ahí iniciarán una improbable relación que durará ¡5 capítulos! durante los cuales el bueno de Noah no nos habla de otra cosa más que de sus bastante habituales encuentros sexuales con el hombre 10.
Noté como sus dedos empezaban a separarme los glúteos, a tantear mi entrada y a adentrarse en mí profundamente. Un gemido se atragantó en mi garganta mientras él comenzaba a acariciar mi interior produciéndome oleadas de placer. Su dedo me abandonó sólo para volver acompañado, un aumento de presión me indicó que tenía más de un dedo dentro (en la versión más actual del clásico: si no caben tres dedos, no hay trato…). Volvió a sacarlos y se apartó un poco de mí. Yo cerraba mis ojos con fuerza, deseando que se decidiera a hacerlo de una buena vez. El sonido del plástico de un condón al romperse (sexo seguro, Juju!) me convenció de que por fin me iba a penetrar y me estremecí anticipando el momento. David levanto mis caderas, de manera que quedé apoyado en mis rodillas y mi entrada se abría para él. Estar así de expuesto me pareció muy excitante y moví las caderas en un intento de hacer que él también se excitara aún más.
Y así casi 80 páginas, intercaladas con escenas de la parejita feliz, donde se nos deja muy claro que David es perfecto también fuera de la cama:
—Felicidades pequeño —David me abrazaba desde atrás y acariciaba suavemente mi abdomen.
—¿Por qué? —pregunté un tanto confuso (¿ya he dicho por aquí que el chico muy listo no es, no?).
—¿No te acuerdas? —me preguntó a su vez incorporándose. Negué con la cabeza—. Hoy es veinte de marzo.
—¿Y qué?
—Pero bueno —David parecía mitad enfadado y mitad divertido—, ¿dónde está tu romanticismo? Hoy hace un mes que nos conocemos.
Pensé durante un momento y era verdad, nos habíamos conocido el veinte de febrero. Me ruboricé avergonzado.
—Lo siento, lo olvidé. Con los exámenes y todo eso —David se rió—. ¿No estás enfadado?
—No, pequeño no lo estoy (porque soy el hombre perfecto)—me besó muy cariñoso—. Tengo un regalo para ti (¿ves? Ideal de la muerte).
Por supuesto, como toda buena historia arquetípica, A través del sexo (qué título más largo, joder!) también tiene un malo, que efectúa su teatral aparición en otro capítulo gracias a cuyo nombre ya podemos suponer qué encontraremos en él: “Mi primer amor, mi primer enemigo”. (¡Puaj!, cosa más cursi…):
Oí como una puerta se abría al otro lado del salón y un hombre que no conocía salía por ella. Debía tener unos treinta años y vestía muy formal, con un traje de chaqueta, una corbata y una gabardina negra. Llevaba el pelo muy corto, rapado, y tenía unas facciones muy marcadas, en las que dominaba una mandíbula cuadrada con un hoyuelo en la barbilla muy acentuado. No era un hombre guapo, al menos no en el sentido clásico, pero era muy atractivo (y tenía toda la pinta de ser el malo de la película).Se me quedó mirando como quien mira una cucaracha (porque es el malo de la película), con una expresión de autosuficiencia que no me gustó nada. Sus ojos me recorrieron de arriba abajo como si me examinaran con detenimiento y yo me sentí intimidado bajo aquella mirada. Me quedé helado, no sabiendo muy bien qué decir.
—Vaya, vaya, vaya. —El desconocido tenía una voz muy profunda—. Así que tú debes ser el nuevo culito de David (Malo, malo, no sé si es, pero antipático de cojones, eso fijo).
Además de guapo, rico, carismático y sexy, David es también un hombre misterioso que oculta un secreto y un pasado sombrío. Cosa de la que el pobre Noah (tan inocente y enamoradamente -¿¡que alguien me diga si existe ese adverbio!?) parece no darse cuenta:
“Me atrajo hacía sí y me abrazó (qué mono!). Apoyé mi cabeza sobre su hombro y acaricié su pecho, justo debajo de la tetilla izquierda donde tenía una pequeña cicatriz en forma de moneda. Me fijé también por primera vez de que había otra pequeña cicatriz de varios centímetros de longitud en su costado izquierdo. La recorrí con las yemas de mis dedos.
—¿Cómo te hiciste esto? (oooops, pregunta incómoda)
David miró las cicatrices un momento antes de contestar.
—Tuve un accidente y me perforé un pulmón —tocó la cicatriz recta de su costado y añadió—, por aquí fue por donde me operaron.
—¿Cómo fue el accidente?
—Eso no tiene importancia, fue hace mucho tiempo (evasión en toda regla a la naranja).
¿Pero que no ves que ahí hay gato encerrado, chaval? Al final va a ser verdad eso de que los rubios son tontos por imperativo genético.
Al final, y como no podía ser de otra manera, la relación acaba (por fin!) con la típica discusión de “te estoy haciendo daño adrede para que te alejes de mí, pero lo hago por tu bien y tú eres tan tonto que no te das ni cuenta”. ¿¡De verdad es tan difícil ser un poco más imaginativa, chica!?
A partir de ahí, nuestro rubio protagonista, con el corazón destrozado, se adentrará en el mundo de la arquetípica promiscuidad gay de la mano de un nuevo amigo (el-típico-mariquita-simpático-demasiado-bueno-para-ser-verdad-que-me-cae-muy-bien-pero-no-para-follar), y en ambientes tan, pero tan realistas, que parecen sacados del decorado de cualquier peli porno que se precie.
Como Pablo me había explicado, el cuarto oscuro del Sodoma era en realidad una sucesión de estancias en las que podías hacer realidad casi cualquier fantasía que tuvieras en mente (qué buen rollito, ¿no?). Con el tiempo llegué a conocerlas muy bien, pero esa primera noche me sentía como Alicia cayendo por la madriguera del conejo, sintiendo que mientras más abajo caía, más cerca estaba de un mundo irreal y lleno de fantasía (no, si fantasía por aquí no falta…).
En las primeras salas no había nada más que varios hombres que se limitaban a hacerse felaciones o masturbarse unos a otros. La tercera sala, era como el mismo Pablo me dijo, donde empezaba lo bueno (Ah, ¿pero lo otro no era bueno ya? Yo con que me la chupen me conformo…). Se trataba de una habitación circular, en cuyo centro se erigía una especie de camilla. Alrededor de ella se concentraban unos diez o quince chicos, todos sin camisa y con los pantalones lo suficientemente bajados como para dejar descubiertas sus erecciones. La mayoría de ellos se masturbaba mirando lo que pasaba en la mesa.
—Ven —me dijo Pablo, obligándome a acercarme para mirar agarrándome aún por la mano.
Sobre la mesa había un hombre moreno, muy guapo, que estaba tumbado de espaldas y con las piernas flexionadas contra su pecho (O_O acércate más, que quiero ver qué pasa). Había varios chicos muy cerca de él, esperando mientras el hombre tumbado les iba haciendo felaciones por turno (qué buen samaritano el tío, snif, joder, ya no quedan hombres así), mientras un pelirrojo, con la cabeza enterrada entre sus piernas, se comía su culo.
—Mira —me susurró Pablo apremiante, apretándose contra mis nalgas y frotándose contra mí, como queriendo descargarse—, se lo va a follar (eso ni se duda).
Por favor, que alguien me diga donde hay un cuarto oscuro así en el mundo que voy “corriendo” (jeje… y que alguien me mate si vuelvo a hacer un chiste tan malo, por favor).
Es así como el rubio tonto deja de ser más inocente que una amapola, pasándose por la piedra a todo el que se le pase por delante, con la misma democracia que aquel célebre anuncio de coca-cola: a los chicos, a los grandes, a los morenos a los rubios, a los guapos y a los feos… fucking down the street all day, oh yeah! (en la versión 2.0 de: “qué buena es la vida del gay”).
Pero como no todo en el mundo es follar (aquí les dejo la banda sonora para el resto de la novela) la autora nos intercala escenas de la vida de Noah contada por él mismo, y un par de monólogos interiores que nos recuerdan los isufrible que es el protagonista, en un inverosímil intento de hacer de esta novela algo serio:
El hecho de que fuera Navidad tampoco ayudaba: las luces de colores, el frío, las parejas paseando o tomando chocolate caliente en las cafeterías… (y el calvo de la lotería) todo eso hacía que añorara lo que nunca tuve: alguien a quien abrazar junto al árbol de navidad (una bolsa, rápido, quiero vomitar!!!). Justo después de Nochevieja, tras descubrir que no se iba a acabar el mundo por el cambio de dígitos, empecé a ultimar las compras para el día de Reyes, sintiendo aún así que el Año Nuevo no me había traído ninguna alegría (pobrecito… snifff).
O la genial:
Me llamo Noah y como ya te habrás dado cuenta, soy homosexual (pues chico, no se te nota na-di-ta).”
Si aún así quieres leer las delirantes aventuras fantástico-sexuales de este insufrible protagonista, puedes ir al blog de su autora, pero luego no me digas que no te avisé.